31 de mayo
- ceciliaasturiasf
- May 27, 2021
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Con dedicación especial a la Sofi, siempre pendiente de mostrarnos a Jesús y María en nuestras vidas.
"Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»"
Pues el nacimiento de nuestra segunda hija está agendado para el 31 de mayo de este año. Desde que le contamos a mi cuñada del rango de fechas en el que podría nacer, tuvo la bondad de buscar y enviarnos los acontecimientos que se celebran en estos días. Después de calibrar el grosor de la cicatriz de la cesárea anterior, la cantidad de líquido amniótico, el cuello del útero, el número de semanas de gestación y, probablemente algo del calendario social de mi doctor, la fecha pactada es el siguiente lunes a las seis de la mañana.
El 31 de mayo se celebra la visita que María hace a su prima Isabel. Siempre he tenido este pasaje cerca del corazón. Me impacta la disposición servicial de María y cómo en su primer trimestre, parte hacia Judá, a ponerse al servicio de su prima, más avanzada en edad y en su propio embarazo. María no piensa en sus náuseas, dolor de cabeza u otras molestias. No empaca acetaminofén ni consulta con su doctor antes de salir. Tampoco la detienen las molestias propias del viaje (que, dicho sea de paso, no era en un carro, bus o avión con aire acondicionado ni Spotify). María sólo piensa en servir.
Por otro lado, Isabel. Sólo ella sabe cuánto ha orado por este bebé, cuánto lo ha anhelado y esperado. No es joven, seguro se le han traslapado síntomas del embarazo con achaques de su edad. Y a estas alturas del embarazo y después de haber vivido tanto, imagino que implora a Dios llegar al momento del nacimiento sin novedad. No sé, pero siempre he imaginado que Isabel no sabía del embarazo de María. No sé si recibió noticias de que llegaría en los próximos días. Estoy segura que no vio stories de ella con #preggo, o avisando que iba en camino hacia Judá. Sin embargo, al recibir en su casa a su primita -tanto más joven que ella-, en lo más íntimo de su corazón, sabe que la más bendita entre las mujeres y el bendito fruto de su vientre han llegado a visitarla. Al oír el saludo de María y sentir a su bebe moverse, ella tiene la respuesta a cualquier rastro de duda que podría haber tenido o tener en el resto de su vida: Dios existe, Dios es bueno, Dios nos busca, Dios se ha dejado encontrar y Dios ha cumplido sus promesas!
* * *
No llevo mucho tiempo de ser mamá, pero creo que uno de los retos más complejos es atreverte a encarar tu propia historia. Leerla, desmenuzar la narrativa y evaluar si hay una mejor forma de contarla. Es sanar las propias heridas sobre la marcha. Nada detona los propios traumas como el temor a replicarlos en tu hijo. Y para aquello que uno quisiera tener precisión de alfiler, no parece haber tiempo. Solo hay la voluntad de estar consciente y el anhelo de poder ir enderezando el camino, un sí y un no a la vez. Creo que la otra cara de la misma moneda, es permitir que los hijos vayan haciendo y contando su propia historia.
Pero, como estas líneas son acerca del 31 de mayo y no de otras complejidades, afinaré mi sentir en que espero con ansias el día que sopeemos una champurrada con Irene y que me cuente qué significa para ella la fecha de su cumpleaños.
Y sólo después de oírla, le contaré que para mí, pensar en que nacerá el 31 de mayo, es pensar en servicio y confirmación de Dios. Le contaré que en los meses que la esperábamos, tuvimos salud en medio de una pandemia. Que escuchamos su corazón latir con fuerza. Que ambos tuvimos trabajo en medio de una crisis económica. Que tuvimos la bendición de poder escoger a nuestros doctores y confiar en ellos. Que tuvo a los abuelitos más atentos. Que su familia y amigos tuvieron con nosotros tantos gestos de cariño, que a pesar de la distancia, se sintieron muy cerca. No faltó quién se pusiera a nuestro servicio. Que María no tardó en visitarnos y trajo consigo a Jesús.
Le contaré que, como decía el Papa Benedicto XVI, ella no fue producto casual de la evolución (o de cualquier otra circunstancia, pese a las bromas que le esperen), sino fruto de un pensamiento de Dios y amada por Él.
Y que cada vez que ella se movió en mi vientre, yo pude decir “Dios existe, Dios es bueno, Dios nos busca, Dios se ha dejado encontrar y Dios ha cumplido sus promesas!”
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