"Estar chipe"
- ceciliaasturiasf
- Apr 8, 2025
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Vamos del colegio a la casa, a vuelta de rueda, cuando me acuerdo que el almuerzo son tortillas de harina con pollo, queso, pesto y aguacate, doraditas en el sartén. Fundamentales los aguacates. Decido pasar dejando a los niños a la casa e ir a comprar los aguacates sola, para que puedan adelantar con entrar al baño, lavarse las manos, cambiarse el uniforme. Los bajo del carro y doy media vuelta, mientras les aseguro que regreso en diez minutos con aguacates. Antes de dar el paso, se me han prendido dos pares de brazos, mientras escucho a Irene "no me dejeeeeeees mamiii, no me dejes sola, llevame contiiiiigo". Media decena de lágrimas entre los dos cachetes.
Tristeza donde no había tristeza. Miedo donde había seguridad. Incertidumbre donde había
certeza. Duelo donde había permanencia. Berrinches donde no había berrinches.
Un bebé donde no había un bebé.
Tremendo, eso de estar chipe. Cuando uno lo escucha por primera vez, no sabe ni cómo se
come eso. Y lo más desconcertante es cuando le quieren explicar a uno y no pueden, sólo
señalan al llorón y se encogen de hombros, como que fuera redundante explicar más. Y uno se queda igual. Entonces saber qué es, eso no es aquí, sino en otras casas, en otras
familias. Total, si no le pueden explicar a uno qué es, ¿cómo le va a estar pasando? ¿Cómo nos va a estar pasando?
Pero sí, de repente no puede ir uno a comprar uno aguacates en paz. Ni encerrarse a hacer
pipí. Pues, sí encerrarse, pero no sola. Comer agarrados de la mano, reuniones de trabajo con uno en cada pierna. Podría jurar que hasta el timbre de voz les cambia en esos días. Y mucho, mucho contacto físico. Tanto, como dice uno de mis poemas favoritos, "tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño".
No sabe uno de dónde salen estos episodios, cuánto duran, ni a dónde se van, cuando se van.
Pero así voy por mi tercera chipencia. Y no es que yo ya se lo pueda definir a la próxima mamá nueva. Es más, ya sé que no se le puede definir a una nueva mamá. Pero desde donde voy, he visto que los "episodios" "se pasan" mejor cuando uno se esfuerza más por sintonizar con el amor de donde vienen los síntomas, que en maquillar el tratamiento de paciencia y neutralidad.
Porque si uno logra ver más allá de querer ir al baño sola, de querer caminar sin lastres, de necesitar hacer mandados con urgencia de adulto... Si uno suelta su espacio personal y lo entrega...
Puede ser que el corazoncito de ellos encuentre en el de uno tristeza donde no había tristeza, miedo donde había seguridad, incertidumbre donde había certeza, duelo donde había permanencia, berrinches donde no había berrinches.
Porque ahora hay un bebé donde no había un bebé.
Y tal vez lo encuentren un poquito chipe a uno también. Y sólo tal vez, un poco confundida, de quién es que tenía que acompañar a quién.
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