2023
- ceciliaasturiasf
- Jan 5, 2024
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Yo sé que lo dije del 2020 y del 2021, pero, indiscutiblemente, el 2023 ha sido el año más difícil que he vivido. Y, ya a un poquito de distancia, veo que también fue un año bellísimo.
No ha habido un año que pruebe mi espíritu, mi voluntad, mi amor y mi esperanza, cómo este. No fueron pruebas de salud, y por eso estoy profundamente agradecida. Pero demasiadas veces sentí que no aguantaba el peso de un alfiler más sobre mis hombros... Pero entonces venía una prueba que me tomaba completamente desprevenida. Y que pesaba. Como una mochila sobre mis hombros, que me hacía encorvarme un poquito más. Y así, una siguiente mochila y una más... Cada vez más chiquita, cada vez menos aire.
Traté de buscar ayuda, pero cuando esa ayuda no llegó, me di cuenta de que una mochila apilada sobre otra, no me botaban al piso (casi como lo deseaba, a ese punto). Seguía caminando, y así entendí que el límite de mi cansancio físico y carga mental no estaban donde siempre pensé que estaban. Aunque no dudo que ese margen era uno saludable, podía dar (= amar) tanto más.
Las pruebas de este año me llevaron a mi y a mi matrimonio a lugares donde nunca habíamos estado. Y también aprendí que hay nudos que no se desenredan dejándolos al tiempo o enterrándolos bajo lindas experiencias. Hay que hacer el trabajo que sorprende, interrumpe, incomoda y duele, pero también sana y restaura.
La meditación del rezandovoy de hace unas semanas, a propósito del Evangelio del yugo suave y la carga ligera, decía que el alivio no es que Jesús nos quite las pruebas, sino saber que el mismo yugo lo ata a Él. Y que Él nos acompaña. Chiquita y sin aire, pero con Jesús todo el camino.
Al principio decía que había sido un año bello, y verdaderamente lo fue. No quiero olvidar experiencias y procesos lindos que pude acompañar este año:
Los bebés aprendieron a fizicletear
Irene entró al colegio
Empezamos a leer todas las noches
Fer empezó a ir al cole sin sus colas
Irene empezó a ir al baño
Visitamos a Jesús en el Sagrario muchas veces
Fuimos a misa casi 50 domingos del año
Con panqueques del día anterior y yogurts de gasolinera, pasamos una docena de mañanas en la laguna El Pino
Pasamos varios meses seguidos sin enfermarnos
Sembramos frijoles, cebolla, menta y siempre no vimos crecer al limón que sembramos hace tres años
Jorge corrió sus primeros 42km
Y yo, terminé el año con una certificación, habiendo viajado a Marruecos (que no imaginaba conocer en la próxima década), habiendo reseteado mi apetito por los postres y nadando mucho. Decisiones de trabajo que en febrero me hacían tambalear, las recordé con una sonrisa en octubre. No estaba en ninguna de mis metas ni anhelos de inicio de año, pero terminé el año más fuerte, más valiente, más humilde, más agradecida y más plena que nunca. Fue una belleza de año.
Eventualmente, hicimos el trabajo de desenredar los nudos pendientes. Y, solo por Gracia de Dios, pasamos entonces al mejor vino.
2023 fue un año para no repetir, pero también para no olvidar.
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