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A veinte lugares de Jesús

  • Writer: ceciliaasturiasf
    ceciliaasturiasf
  • Mar 20, 2023
  • 3 min read

Estoy a unas veinte personas de recibir la Comunión. A pesar de que vengo del confesionario, con cada turno que avanzo, revivo en mi mente la semana que acaba de pasar. La decena de veces que perdí la paciencia con mis hijos. Me enojé con mi esposo más veces de las que puedo contar (o de las que él sabe). Fantaseé con subirme al carro e irme lejos, lejos. La cola avanza. Me sorprendo agachando la cabeza. Recuerdo ese grito a mi hijo y cómo sentí su corazoncito lastimarse y el mío también. Me tomó horas y esfuerzo reparar. Hoy llegamos tarde a Misa; venía enojada con mi esposo por ello. Mis hombros se sienten pesados. Sé con la razón que todas estas fueron debilidades de carácter, que estoy poniendo mi todo y, en esos momentos, pidiendo misericordia y ayuda a Dios. En esta semana, por lo menos. Sigo avanzando en la cola. En una fracción de segundo, la frase que tantas veces he dicho, de repente se siente vacía, casi soberbia. Porque por primera vez en mi vida, es con una mezcla de vergüenza y casi desesperación, que se me escapa un apologético: “esto es todo lo que tengo para darte”. Por fuera, un suspiro pesado que seguramente escuchó mi vecino en la cola. Quisiera traerte más, quisiera venir a ti con más tiempo de oración dedicada, con lectura de tu Palabra o ir al dia con mi devocional de Cuaresma. Tan solo haber venido a tiempo hoy. O poder ofrecerte un corazón más sereno. Pero no. En mi corazón sólo hay una retahíla de pensamientos de mamá que me daría vergüenza compartir.


Antes, las tentaciones se veían como lo que eran: pereza, lujuria, orgullo… Pero ahora son más complejas que cualquier cosa a la que me haya enfrentado en mi vida. Probablemente porque atentan contra lo más preciado que Dios me ha confiado. Y se disfrazan de cansancio, de hormonas, a veces de suficiencia y otras de falsa humildad. Y me encuentro tropezándome a diario, pidiéndole a Dios que me permita distinguir Su voz con claridad.


Pues estaré a un par de personas de la Comunión… Que lejos están los días en los que me sentaba en la banca media hora antes de empezar la misa… Hoy me la he pasado entre culebritas de plasticina y mediar entre quién tiene el marcador y quién no entrega la tapadera.


He llegado a Jesus Sacramentado. “Esto es todo lo que tengo para darte”. Levanto la mirada. Jesús me mira y me responde: “Es que esto es lo que quiero”.


* * *


Mi devocional atrasado de Cuaresma me explica que la samaritana iba al pozo al medio día porque a esa hora no coincidiría con nadie. Es probable que se avergüence de sus luchas. No me cuesta empatizar con ella. También yo iría al pozo al medio día en estos días. Pero es al medio día que Jesus la busca. No para borrar su pasado, sino para transformar ese momento de encuentro en uno en el que ella se sienta amada.


Que Jesús me encuentre al medio día, ahí donde no quisiera encontrarme a nadie. Como a la samaritana, me dirá todo lo que sabe de mi y entonces sabré que realmente estuvo conmigo toda la semana. Aún si es para ser testigo de “solo esto” que le ofrezco.


 
 
 

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