De etiquetas y penas varias
- ceciliaasturiasf
- Aug 1, 2022
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Cada vez que empecé a escribir esta historia, regresé a borrarla, pues me percaté de que estaba escribiendo las mismas líneas que tantas veces he narrado…la primera vez que el Fer se quedó a dormir donde mis papás, despedirnos de la lactancia, pasar de dormir en su cuna a su nueva cama. A la lista sumamos: su primer día de colegio.
Yo estaba preparada (o iba a estar) para inscribir al Fer en el colegio en enero del otro año, pero un tema inesperado nos llevó a hacerlo en agosto de este año. Hasta este momento, confieso que había pospuesto la ida al colegio por un número de razones: tener una bebé en casa, huirle al Covid, logística y la que no comentaba con nadie: no querer.
De día: La logística de llevarlo y traerlo es muy complicada, el Fer no sabe usar mascarilla, ¿será que saludará al llegar? Si le pica la etiqueta del suéter, ¿lo dirá? ¿Será que la lonchera de dinosaurios va a venir a tiempo?
De noche: ¿Será que él está emocionalmente listo? ¿Notarán y celebrarán sus logros? ¿Qué le van a enseñar que es una familia? ¿Qué le dirán que es un hombre y una mujer? Cuánto hemos avanzado con el pañal, ¿tendremos alguna regresión? ¿Hablará tanto como habla? ¿Se reirá tanto como lo hace? Hará tanto que ya no veré… ¿Estaré lista?
Fer empezó su día a las 5:26 AM, susurrando a la orilla de mi cama que ya era hora de ir “al cole”. Hora y media después, bajó las gradas anunciando a gritos que hoy no tendría tiempo de desayunar porque tenía que ir “al cole”. Finalmente, se sentó a comer, narrando incesantemente todo lo que haría en “el cole”… Todas las cosas que yo le había contado en las semanas anteriores, a las que no me había respondido nada… le ha de costar entender todo lo que le estoy contando, recuerdo haber pensado.
Fer habla muchísimo cuando se siente en confianza, pero es tímido y callado con la gente que no conoce. Hoy lo recibió con una gran sonrisa la que será su niñera. Me preguntó su nombre. Motivé a Fer a decirle su nombre, anticipando que podría quedarse callado, como tantas veces últimamente. Contestó a la primera, fuerte y claro: “Soy Fenando Díaz Astuias”. Respiré profundo, a la vez que sentí un ladrillo caer en mi estómago. Todo iba a estar bien. Supe que pediría ayuda si le picaba la etiqueta del suéter.
***
Como en cada evento de los que mencioné antes, me puse a la orden con la maestra, estuve pendiente de mi celular y despejé mi calendario para salir a recogerlo en el momento que me dijeran que estaba llorando desconsolado, pidiendo a su mamá. Un par de horas después, me encontré contando los minutos para la hora regular de salida y confieso que salté de mi silla cuando escuché la bocina del carro de mi mamá. Llegamos y antes de poder parquearnos, ya lo habían llamado en el altoparlante. Rápidamente agarré mi celular, abrí la cámara para grabar esa salida triunfal, sólo para agacharme, abrir los brazos y no grabar nada. Jamás necesitaré un video para cerrar mis ojos y ver los suyos encenderse porque, efectivamente, habíamos regresado por él.
Yo sé que llegará la noche con sus preguntas difíciles. Pero esos ojitos negros brillarán sobre la más compleja de las dudas que me esperen al caer el sol.
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