De gerberas y pajillas
- ceciliaasturiasf
- Dec 13, 2021
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Es la una y media de la mañana y escucho llanto. Anoche celebramos Thanksgiving con una cena con mis papás y se desveló Fer por primera vez en su vidita. Se durmió casi a las diez y probablemente lo acaba de despertar alguna pesadilla. Me despierto porque escucho que Jorge cierra la puerta de nuestro cuarto y oigo lo que ha de ser la colita del llanto de Fer al encontrarse con el abrazo de su papá. Me toma un par de segundos ubicarme en tiempo y espacio. Me acuerdo que esta semana, Fer se despertó a las tres de la mañana y Jorge se fue a su cama con él. Me levanto en silencio (Irene aún duerme con nosotros) y entro al cuarto con la intención de relevar a Jorge. Le digo que regrese a descansar, que yo me quedo con el Fer. Se despide de él con besitos, pero al cerrar la puerta, el Fer rompe en llanto e intenta irse tras él.
Lo abrazo y pienso que -evidentemente- no ha caído en cuenta que soy yo, su mamá. ¿Cómo no va a querer que su mamá lo acuchuche a media noche? Mi hijo aún no arma oraciones, pero usa bien el sí y el no. Y entre el llanto que no para, logra hacerme saber que la colita no le basta, que rezar no lo calma y que tampoco quiere la canción de los cochinitos. Él quiere a papa otra vez. Pasa de llanto a sollozo al preguntarle si quiere ir a traer a papa, y de sollozo a silencio cuando le digo que debe entrar en silencio porque su hermana está durmiendo. Jorge se vuelve a despertar con una lucidez envidiable y el Fer le tira los brazos inmediatamente. Y yo me meto de nuevo a la cama sintiéndome como gerbera despajillada.
Tal vez el Fer ya empieza a distinguir a quién quiere para qué. Solo espero seguir siendo la del vasito de leche después de la cena por mucho tiempo más. Y ya que estoy despierta, y ya que el desvelo fue por andar dando gracias, pues gracias a Dios por el Jorge. Gracias a Dios somos dos, gracias a Dios somos nosotros dos.
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