De sustos e interrupciones
- ceciliaasturiasf
- Aug 25, 2021
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Seis de julio.
Pues me había sentido un poco corta de inspiración. Hasta que le dio gripe por primera vez a mi bebé de año y medio. Y después a mi esposo. Y después a mi bebé de cinco semanas. Y después a mí. Ya íbamos saliendo, cuando mi Fer se cayó de la cuna. Y media hora después, se majó el dedito con la bici de mi esposo. Y solo así, hasta que tuve cada una de estas situaciones en la cara, supe cuánto y desde hace cuánto las temía. Como cuando soltás el aire después de recibir una noticia impactante y te das cuenta que llevabas varios segundos sin respirar. Esa primera gripe, la caída de la cuna, el primer cuco... Ni una la vi venir, ni una la pude evitar...
Veintidós de agosto.
Llevamos once días sin Melanie, quien nos ayuda con mi bebé de año y medio, porque hace once días nos dijo que tenía dolor de cabeza, dolor de garganta, fiebre y dificultad para respirar. Salieron con mi esposo a hacerle una prueba de Covid a las nueve de la noche. A las cinco de la mañana, confirmados los resultados: positivo. Empieza mi mente una carrera a toda velocidad, que ha durado ya, once días. Melanie acuchucha a mi bebé a diario. Lleva, por lo menos, cinco días contagiada. Hoy es jueves, el lunes ya vino así, cargó al Fer, nosotros cargamos y besamos al Fer, cargamos y besamos a Irene, de dos meses y medio. Ya tenemos Covid. Todos. Ayer estuvimos con mis papás. Melanie se tiene que ir. ¿O la cuidamos aquí? Que venga Maribel, la empleada de mis papas, a ayudarnos. No puede, por el riesgo de contagiarla. Ah, pero mis papás. No, tampoco pueden. En microsegundos, pareciera sentir cómo mi mente trata de escurrírsele a la ineludible realidad: nos esperan quince días sin ayuda, sin visitas, con dos bebés de menos de dos años, con uno de nosotros trabajando a tiempo completo y uno, varios o todos con Covid. Hace mes y medio, la cuna, la gripe, el cuco.
Hoy, Covid en la casa.
Empezaron a pasar los días, ajustando algunas prioridades... El ejercicio, por ejemplo, pasó a segundo plano y bañarme, pasó a las seis de la mañana (o al medio día, si los dos coinciden en siesta). Los platos se lavan al terminar el día, salir con Fer en cualquier momento de sol porque no se sabe si es el último en el día.
Veinticinco de agosto
Interrumpí las líneas de arriba al oír gritos, llanto y golpes en una puerta. Me encontraba dándole de comer a Irene antes de ponerla a dormir. La pongo rápidamente en la cuna y salgo a ver qué está pasando. Fernando se ha encerrado con llave en su cuarto y no puede salir. Mi esposo alterado, Fer llorando adentro, yo arrodillada en la puerta tratando de enseñarle a mi bebé del otro lado de la puerta cómo quitar llave. Mi esposo logra separar suficiente la puerta del marco para abrir con una tarjeta. Le habla fuerte, diciéndole que con las puertas no se juega, mientras Fer me abraza. Después de meses de pedirle un abrazo sin lograrlo, hoy lo hace fuerte e ininterrumpidamente. También yo le hablo fuerte al separarnos. Y le enseño a quitar y poner llave. Esta vez, del mismo lado de la puerta.
***
Hemos pasado 14 días sin ayuda en casa o visitas. Ayer hemos confirmado los resultados negativos de mi esposo y míos. Gracias a Dios, hemos tenido pocos síntomas y leves. Han sido 14 días de estar contando días desde el posible contagio, de estar imaginando cuándo y cómo exactamente se habría contagiado cada uno y en qué orden, para poder calcular lo que viene, solo para escuchar de un doctor más: "pero también cabe la posibilidad que...", "mire, nada es certero, pero... " "por cualquier cosa, que se aísle su esposo de usted y los bebés, si se puede ir de la casa, mejor". Catorce días de preguntarle a mi esposo si él también tiene frío, de tratar de "ver" el frío por la ventana y de sentirlo con mi mano... Sólo para confirmar si en efecto tengo frío o no. Porque, de repente, el frío es síntoma de Covid. Catorce días de tomarle la temperatura a los bebés obsesivamente, de contar estornudos, de estar buscando moquitos, de cuestionar cada dolor de cabeza, de imaginar si mi esposo tendrá síntomas y no me está contando para no preocuparme... La totalidad de mi día despierta construyendo hipótesis que nunca comprobaré. Empezar a desahogarme, solo para encontrarme con un "Agradecé que no están en el hospital" y saber que hasta ahí llegó mi relato.
Tres artículos empezados, tres interrupciones. Ser mamá (me) da miedo. Ser mamá (me) empodera como nada en la vida. Ser mamá me hace ser más humilde ("humbling"). Pero elaboraré en un próximo texto.
No he abierto las cortinas, pero el sol de repente brilla fuerte dentro de mi cuarto. Mi interrupción de 80 centímetros acaba de entrar por la puerta.
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