Lo bueno de tenerlos tan seguido
- ceciliaasturiasf
- Jan 16, 2023
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"Lo bueno de tenerlos tan seguido, es que salen rápido"
No puedo contar la cantidad de veces que nos han dicho esto. Nos lo siguen diciendo. No lo estamos preguntando, pero nos lo siguen diciendo. No estamos pidiendo consuelo, pero nos quieren consolar. No estamos tristes, pero nos quieren alegrar. Y definitivamente, no queremos salir de nada, pero nos animan como si hubiera una meta a la cuál llegar. O peor, algo de qué salir corriendo.
Escribí 13 articulos en el 2021. Sólo en la primera mitad del año, nos enteramos y vivimos medio embarazo de Irene, el destete de Fernando, el nacimiento de Irene. En ese orden. Y el segundo semestre se cuenta solo.
Me sorprendió darme cuenta que en el 2022 sólo escribí dos artículos (y sólo uno fue de maternidad). No es que no haya habido de qué escribir. Al contrario, me cuesta creer que se repita un año en el que pueda presenciar, acompañar y vivir tantos procesos seguidos, paralelos, que se traslapan y estorban entre sí. Ha sido una absoluta belleza.
Hoy existen tantas aplicaciones que le facilitan a uno hacer un recuento de lo vivido. Cerca de fin de año estuve viendo fotos de enero y me costó creer cuánto pasó en doce meses. Empezamos el 2022 con un hijo de casi dos años que aún no hablaba y que le bastaban los días en casa con nosotros. Y una bebé de siete meses, que todavía se sentaba entre las computadoras y que nos turnábamos como papa caliente cuando se ponía inquieta entre reuniones.
En la última semana del año, regresando en silencio del enésimo compromiso social, escuchábamos a Irene decir “tido” cada vez que veía una “M” de McDonald’s en el tráfico. En una instancia, Fer se adjudicó la tarea de explicarle que “Idene, no podemos pasar por un deretido, vamos a pasar por un tido al Maldonals cerca de la casa”. Irene le entendió perfecto, se metió el dedito a la boca y continuamos el trayecto a la casa.
No es que no haya habido cosas que nos sorprendan. Que no nos hicieran coincidir en la mirada y preguntarnos si los dos habíamos visto lo mismo.
Ha pasado el año y hemos visto a nuestro hijo mayor descubrir y enamorarse de las palabras de la forma más apasionada. Y lo que superaría cualquier expectativa, lo hemos visto enseñarle proactivamente a hablar a su hermanita. Quien, dicho sea de paso, en el mismo año pasó de existir, a gatear, a caminar y finalmente, a correr. Han terminado el año caminando de la mano. Saludando a gritos a cada policía que ven en el tráfico. Pidiendo y cantando canciones. Peleando porque Irene no quiere darle la mano a Fer en el centro comercial. Peleando por quién presiona el botón del elevador. Peleando con nosotros porque no cenaron juntos o porque no los bañamos juntos.
Pasamos de salir con una pañalera que costaba cerrar por todos los juguetes y artículos “por si las moscas”... a dejarla olvidada en los lugares o en el carro. Empezaron a bastarse entre ellos. Pasamos de un enero con dos bebés a un diciembre con dos hermanos.
Sí, parece que hemos “salido” de algo. Y no es que no haya habido de qué escribir. Pero el estar era prioritario. Ser con ellos. Ser para ellos. Ha sido un tiempo con ganas de repetir muchos momentos del día, si no días enteros. Hemos querido pausar el tiempo demasiadas veces. Pausar y retroceder a las carcajadas de esa mañana, a las naricitas antes de dormir, a alguna plática trascendental en el carro (para fines de un niño de tres años, cualquier plática). Incluso de revisar los momentos que nos han confrontado y que, pasando por una peor, han terminado revelando una mejor versión nuestra.
Parecemos haber salido de algo. Pero puedo decir con certeza, no hemos querido “salir rápido”.
¿De qué? ¿Por qué? ¿A qué?
Le pido a Dios que la sola voluntad me haya alcanzado para guardar en el corazón todo lo que no escribí. Y que algún día lo encuentre todo ahí. Ahí donde estuve guardada todo el 2022.
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