No estamos listos
- ceciliaasturiasf
- May 17, 2021
- 3 min read
Parezco haber empezado a destetar a mi bebé hace algunas semanas.
No había fijado un tiempo rígido. Había pensado que poco más de un año sería razonable. Ahora más pareciera que uno tiene que explicar por qué no quiere dar de mamar por más de tres años, pero, en fin, entre un año y año y medio me parecía un buen tiempo. No sé si soy más o menos apegada que otras mamás, pero he sido una mamá presente y creo que uno va encontrando otras formas de fortalecer ese vínculo con su bebé. Entonces, confié en qué él y yo sabríamos cuando empezar con este capítulo.
Para mi sorpresa, en la última cita del año con el pediatra, nos recomendó que, conforme nos sintieramos listos, dejáramos las tomas de las refacciones, para ir ofreciéndole una variedad más amplia de comidas (y así de nutrientes). La sugerencia me cayó como balde de agua fría, ¿cómo lo haríamos? Definitivamente no estábamos listos. Yo no estaba lista y mi bebé estaba menos listo, por supuesto. Esto pasó unos días antes de Navidad y, en esos últimos días del año, que uno come a deshoras (y su bebé también), almorzábamos tarde, mi bebé pasaba toda la tarde picando y pronto era hora de cenar nuevamente. Un día no le ofrecí la toma de la tarde, él se la pasó jugando y comiendo lo mismo que nosotros. Tanto así, que me acordé hasta que lo acosté. Él no la había pedido. Y así un segundo día y un tercero. Pero no es que estuviéramos listos, insistía.
En los primeros días del año, nos enteramos que estábamos embarazados de nuestro segundo hijo. Al día siguiente confirmamos que íbamos casi a la mitad del embarazo. Para fines de estas líneas, únicamente comentaré que las primeras 24 horas se me fueron en una mezcla de miedo por el que ahora sería el "resto" del destete de Fer y gratitud por haberlo empezado. Fer parecía haberlo asimilado a la perfección, a pesar de no estar listo.
A este punto, íbamos en tres, cuatro tomas diarias y, aunque no tenía ninguna indicación médica de destetar, sabía que no había tiempo que perder. Seguí haciendo pequeños cambios en la rutina diaria de Fer, que hicieron casi imperceptible ir dejando una toma cada semana, más o menos. A pesar de no estar listos, hemos llegado a la única toma del día, antes de dormir.
Parezco haber empezado a destetar a mi bebé hace unas semanas. Pero puede que haya empezado a las 10 semanas, cuando me desperté una mañana habiendo dormido toda la noche. Más nostálgica que descansada, la toma de la madrugada no regresó después de ese último desvelo. Puede que haya sido cuando empezó la alimentación complementaria y pasamos de seis a cinco tomas diarias. He ido conociendo que después de una primera vez con Fer, no hay vuelta atrás. Así cuando se quedó la primera vez con sus abuelitos y "todo estuvo bien". O hace unas semanas, que me despidió con su manita y una sonrisota, en brazos de su papá, mientras yo me iba a nadar en la mañana.
No concibo cómo pronto no le daré la toma de la noche y sabré, entonces, que la del día anterior fue nuestra última.
Sé que son contados los días que quedan para que se duerma en mis brazos, bien pegadito a mí. Sin pecho, pero bien pegaditos. Aunque no estemos listos todavía.
Estas líneas las escribí a finales de enero. Y unos días después, supe que la noche anterior había sido la última.
Comments