"Two-under-two"
- ceciliaasturiasf
- Jan 3, 2022
- 3 min read
El tal two-under-two. En estos tiempos parece haber un nombre para todo. Así como Seinfeld acuñó close-talker, low-talker, double-dipper, ahora hay picky-eater, heavy-sleeper, two-under-two... Lo cierto es que para nosotros es más fácil encapsular todo lo que implica estar criando dos hijos menores de dos años en una palabra (aunque sean pocas personas las que realmente lo estén viviendo junto a nosotros). Fer acaba de cumplir año once y el término parece estar próximo a expirar. Entonces aparte de estar exprimiéndolo en cada conversación que cabe, pues cabe la reflexión también... Este año de two-under-two ha sido el más difícil de mi vida, pero también el que me ha dejado sintiéndome más valiente, más capaz de hacer y de amar. Sin lugar a dudas. Con sus errores y aciertos, me siento tan feliz de estar terminándolo como de haberlo vivido.
Hace poco le contaba a unos amigos que, como mamá, uno celebra muchos hitos... La "certeza" de que un "proceso" se ha ejecutado correctamente y entonces es viable el tal hito o milestone. Como la primera vez que uno sale al super durante la siesta del bebé. La primera vez que uno se lo lleva a un mandado. La primera vez que uno lo deja despierto y que alguien más le dará la pacha. Cuando ya comen de todo lo que hay en un restaurante. La primera vez que se van a dormir donde los abuelos. En nuestro caso, el último milestone del 2021 fue salir a cenar solos, con un bebé durmiendo donde los abuelos y la otra en la casa.
Creo que la felicidad de despedirme del 2021 tiene que ver con el poco control que sentí que tuve sobre mi vida. No hay como two-under-two inesperados, para sentir que el carro patina irremediablemente sobre hielo y que uno podría agarrar fuerte el timón o bailar con los brazos, no hace ninguna diferencia. Alguien parece haber tomado control del tiempo, de los planes, de las metas, de las emociones y hasta de las hormonas. Querer llegar a tiempo a un lugar y que se atraviesen dos pañales por cambiar, ya con el carro encendido... Planificar una sesión de fotos de navidad y que se atraviese mal humor de haberle vacunas por la mañana. Querer ponerse una blusa y pensar que dar de mamar en el restaurante va a ser imposible. Tener ganas de desordenar los planes un poco, pero priorizar la rutina. Querer hacer planes maratónicos en fines de semana de diciembre, pero recordar que necesitan siestas para cargar baterías.
Exactamente hace un año empezaba a imaginar un 2021 más estable… cuando me enteré que vendría Irene… en tan solo cuatro o cinco meses. Y, de repente, lo único estable durante el 2021 fue el cambio. Retomar las prenatales, destetar, comprar un segundo corral, esterilizar todas las pachas, sacar la tele del cuarto, meter la cuna…Y ya de este lado de la piel, la primera vez que la dejé durmiendo, la primera vez que me la llevé a un mandado, la primera vez que la dejé despierta para que alguien más le diera pacha. Y por ahí vamos.
Lo irónico es que, a la vez que uno siente que son estos bebitos los que están decidiendo por uno, realmente es uno de mamá la que toma decenas de decisiones al día por cada vidita de estas. Este año tuvimos dos bebés, la colita de una depresión, un duelo, un posparto, gripe al mes de haber nacido Irene y Covid dos meses después. Aguanté hasta agosto sin terapia.
Nuestro two-under-two parece acercarse a su final. Este año lo terminé con más aprendizajes y lecciones que en los treinta anteriores juntos. Más valiente, capaz de hacer y de amar más. Con algunas metas personales cumplidas y muchas otras prestadas de mis bebés, sólo para fines de celebración.
Dichoso 2021, te dejé todito, pero me devolviste el doble.
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