Un martes de agosto
- ceciliaasturiasf
- Mar 5, 2024
- 3 min read
Updated: Mar 6, 2024
Son las 6:45 de la mañana, un martes de agosto. Ella sentada en el baño y yo en el piso frente a ella. Ojitos felices clavados en los míos, manitas bien agarradas. No tiene certeza de lo que viene, pero sabe que estamos juntas.
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Hoy me devolvieron los 34 pañales que a mi hija le quedaban en el colegio. En agosto del año pasado empezamos a sentarla en las mañanas, sin ninguna expectativa. Ahorita lleva dos semanas completas sin usar pañal durante el día. El proceso de uno y del otro fueron muy diferentes, pero no deja de ser mi proceso favorito en mi corto tiempo de maternidad. Me han preguntado si es sarcasmo, pero, a la tangente de la intimidad de mis hijos, solo diré que de veras no.
Lo hemos navegado con un empujoncito de un webinar gratuito que se me atravesó por ahí, un poco de contenido genérico en IG, pero principalmente, con mucha apertura a lo que el mismo proceso fuera pidiendo. Aclaro, yo no he tenido experiencia con una experta en este proceso; estoy segura que la ruta pudo haber sido más corta.
Pues a pesar de que les pedimos que hagan (y dominen) algo completamente nuevo para ellos, el camino demanda muchas emociones y acciones nuestras que también son nuevas para nosotros. Si ponemos mucha atención, podemos notar qué reacciones nuestras los empoderan y cuáles les hacen sentir miedo, por muy discretos que creamos estar siendo. Es un bailecito muy sutil, en el que ellos se abandonan ciegamente en nosotros. Necesitan que caminemos de puntillas con ellos, pero sentir que los guiamos con firmeza hacia donde queremos llegar. Complicado, porque uno duda muchas veces si lo que está haciendo hoy, realmente nos llevará a ese punto. Y la verdad, es que no siempre. Y debemos estar abiertos a cambiar la ruta muchas veces y de las formas que sea necesario, aún si eso significa retroceder para enderezar el camino.
Entre esos esfuerzos, y mucho antes de finalmente “quitar el pañal”, hay unos complejos, íntimos, como cuestionar qué hemos oído y qué hemos interiorizado de la quitada del pañal. ¿Cómo se ve una quitada de pañal exitosa? ¿Cuánto debería durar? ¿A los cuántos “accidentes” fracasé como mamá? ¿A los cuántos “accidentes” fracasó mi hijo?
Cuestionar qué es un “accidente”... ¿Los tolero? ¿Qué es lo que no tolero de ellos? ¿Qué pasa si son en un lugar público? ¿Cómo voy a reaccionar? ¿Cómo me voy a sentir yo?
El proceso puede incluir desafiar a los familiares y la influencia que ellos puedan tener en nuestros hijos, ¿me atrevo a hacerlo por mi hijo?
Hay otros esfuerzos que son más “simples”, que seguro inician anécdotas para compartir con los más cercanos, como poner a los peluches a hacer pipí o admitir nosotros compañía en el baño. Seguramente empezará (y no le he visto el fin aún) un tiempo de interrumpir nuestro trabajo, quehacer en la casa, tiempo de comida o evento social para llevarlos al baño. Y con buena cara y platicandito. Temas de baño en el carro, en el almuerzo, en el super y en el elevador. Con buena cara y contestadito.
En estos días, escuché en el trabajo el comentario “we want to do it right, not right now” (es preferible hacerlo bien que hacerlo rápido). Y en el contexto de los 34 pañales, hizo eco en mis adentros. Un bebé no tiene control de esfínteres antes de los dos años (cuando menos), entonces no puedo esperar que mi hijo de año y medio se aguante a llegar a la casa para el justo momento en que lo siente en el inodoro. Pero podemos empezar a sentarlo con espontaneidad durante el día y sentarnos a la par, uno o el otro, acompañarlo, hacer del baño un lugar donde pasan cosas bonitas. Y es que así es, es un lugar donde pasan cosas bonitas. Donde hay confianza mutua, hay empatía y paciencia, bulla y celebración. Es un lugar donde los hacemos sentir grandes, capaces y amados.
Y para nosotros, también pasan cosas lindas. Es un proceso que nos hace crecer en humildad y paciencia, tan de nuestro hijo y tan nuestro con ellos, que no lo podemos vivir con el método del vecino. Y, por si fuera poco lo que crecemos en virtudes, hay tantas ocasiones de celebrar, en un martes cualquiera.
Y pues con todo ese contexto, la temida quitada del pañal de él duró dos años y la de ella un año. No regresaría a apresurar un solo día.
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Son las 6:45 de la mañana, un martes de agosto. Ella sentada en el baño y yo en el piso frente a ella. Ojitos felices clavados en los míos, manitas bien agarradas. No tiene certeza de lo que viene, pero sabe que estamos juntas.
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