La tal complicidad
- ceciliaasturiasf
- Jul 10, 2024
- 3 min read
Este textito podría parecer la segunda parte del de la semana anterior, pero realmente alude a las muchas preguntas que nacieron en mi corazón en enero de 2021, cuando nos enteramos que Irene venía a nuestra familia (ver https://theqchronicles.wixsite.com/website/post/a-mal-paso-darle-prisa)…
En ese entonces, el sentimiento predominante fue que le había robado al Fer lo que “debió” haber sido su infancia conmigo. No sé si la culpa era la interrogante o la respuesta, pero seguro fue el segundo aire para seguir escribiendo este blog.
Pues con mucha culpa y todo, pero Irene nació cuando Fer tenía un año cuatro meses. Por un par de meses, sentimos que teníamos dos bebés. Rápidamente pasamos a tener un toddler y un bebé y, más rápidamente (para mi pesar), pasamos a tener dos toddlers.
La gente nos hablaba de la complicidad de tenerlos tan cercanos en edad y ser mejores amigos, pero honestamente, a veces creo que sólo estábamos tratando de pasar un día más. Días con trabajos de tiempo completo, dos toddlers en procesos diferentes, casa y salud que cuidar. Fue hasta unos meses después que realmente sentimos que llevábamos un tiempito logrando sentarnos a verlos jugar. Pues, jugar o pelear.
Compiten por atención, por juguetes. Chocan en personalidad… A Fer le gusta mandar a Irene, a Irene le encanta irritar a Fer. Pero, de que se entretienen, se entretienen. Llevamos más o menos un año en este “modo”. De vez en cuando intervenimos, unas con más entusiasmo que otras… Fer, devuélvele el abrazo a Irene. Irene, pídele una disculpa. Fer, pide, no arrebates. Nene, vamos a dormir, dile a Fer que lo amas… Fefe, dile que qué bonito está su vestido, Nene, que qué guapo quedó con su corte de pelo.
Y así.
Hace unas semanas, antes de dormir, les enseñamos una foto que nos apareció aleatoriamente, del día en que dejamos a Fer donde mis papás, porque Irene iba a nacer. A Jorge se le ocurrió detallarle a Fer todo lo que había pasado ese día. La historia le fascinó y llegó a pedirla todas las noches, durante la empishamada… "Papa, contame otra vez cómo salió Irene de la panza de Mama." "Y yo, ¿cómo salí de la panza de mamá?" "Y tú Papa, ¿cómo saliste de la panza de Mama?"
Claro, Jorge le ponía su justa dosis de humor y algunos efectos especiales y eran tremendas risas antes de dormir.
El martes antepasado, antes de las seis de la mañana, íbamos con mi mamá camino al hospital con Fer por una infección bacteriana. Jorge se quedó en la casa para empezar el día con Irene.
A las cuatro de la tarde que Fer e Irene hablaron por primera vez en videollamada, Irene se había despertado, había ido al colegio, regresado a la casa, almorzado y hecho su siesta.
Pero Fer había vomitado catorce veces, llevaba casi 24 horas con fiebre, habían canalizado su manita, le habían tomado muestras para una docena de exámenes y había conocido ya demasiados doctores y enfermeras…
Pero a las cuatro de la tarde que hablaron y apareció la carita de Irene en la pantalla del celular, Fer usó toda su voz para gritarle: “IDENE, YA ME SACARON DE LA PANZA DE MAMA”
Y entonces lo entendimos todo: las carcajadas de las últimas semanas no eran con nosotros, eran entre ellos.
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